“Lo primero que podemos descubrir en tiempos como estos es lo imaginaria que es la economía. No imaginaria en el sentido de falsa, necesariamente, pero sí en el modo en que las realidades económicas dependen de cómo la realidad es imaginada. Muchas veces en la bolsa ocurre el pánico de vender, por ejemplo, el cual esta basado en la percepción de la realidad, y entonces se convierte en realidad. Cuando miles de millones de dólares se desvanecen de la noche a la mañana, nos damos cuenta de lo imaginaria que es la riqueza.
[…]
La ética en la economía depende del carácter, no del cálculo. Depende de las buenas personas, no en los beneficiarios u otras consideraciones utilitaristas. La palabra “ética” viene del griego “carácter” y tal aproximación mediante aquello que los hombres aspiraron que dominara al pensamiento Occidental – y hasta Oriental – por milenios.”
-Link
Quizá la mejor razón para explicar porqué nuestro entendimiento de la ética es relativista, es que nuestra percepción moderna de la realidad está enteramente definida en función de la producción. La ciencia económica hace relativo a todo aquello que cae en su campo de estudio, ya que esta se basa en las valoraciones que hacen los individuos en sus necesidades circunstanciales. Esto no resulta dañino cuando se aplica a la mercancía, pero cuando todo acto humano es capitalizado, todo resulta determinado como bueno o malo según los consumidores. Lo ideal se convierte en capital y el bien se convierte en lo que es deseable para la mayoría.
Si alguien desea acceder a los bienes y servicios de su elección, debe actuar de acuerdo a ciertas reglas de intercambio del sistema económico: lo ético se reduce a un cierto grupo de reglas condicionadas que permitan a los individuos construir riqueza y acceder a otros productos. La ética deja de ser un entendimiento espiritual de la conducta, para ser un implemento del sistema económico, subordinando así su propia autenticidad al dominio de la economía.
La Economía estudia cómo producimos e intercambiamos nuestros bienes y servicios, pero invade campos más allá de sus capacidades cuando intenta responder el para qué producimos. Se encierra en una lógica redundante donde “producimos para consumir y consumimos para producir”. Pensamos que podemos superar esta redundancia por medio del uso de productos y servicios de entretenimiento, desafortunadamente, hacer de este placer material el resultado teleológico de la economía, pone al hombre en la evidente desesperanza de nuestros tiempos. Aún peor, tanto el socialismo como el capitalismo deberían producir riqueza, servicios, productos y tiempo de ocio, pero sus “éticas” y propósitos se corrompen y fracasan porque carecen del elemento que trascienda y gobierne su materialidad: la Tradición.

¿Cómo logra la Tradición una diferencia en nuestro entendimiento de la economía? Haciendo de las economías únicamente sistemas de producción más que mecanismos utilitaristas que todo lo regulan, manteniendo a la Cultura como meta y ubicando su ideal por encima de la categoría de capital. La ética proveniente de la Tradición regula nuestra actividad terrenal, trascendiendo lo mundano y su interés momentáneo. En este orden, sólo en el cobijo de la Tradición, la ética adquiere sentido al ser aplicada en todo aspecto material.
La Verdad por encima de la economía, para que la ética esté por encima de la economía. Cualquier código ético sin Verdad se convierte en un aparato explotable por aquellos individuos que de algún modo encuentran la forma de violarlo. La Verdad actúa en el alma de los individuos haciéndoles mejores personas, quienes encontrarán en la mística de su trabajo suficiente satisfacción y fuerza para no corromperse. Toda bondad aún persistente no puede basarse en un hecho diferente a este.
Los tradicionalistas no creen que la Verdad sea aquello que es conveniente, sino que la Verdad es siempre conveniente. Podemos trascender el redundante hedonismo de nuestro actual sistema económico mediante la Tradición; adaptando nuestros actos y deseos a la Verdad, no viceversa.
In English