Cosmología

La Cosmología es la primera ciencia que surge a partir de la Metafísica. Dado que la metafísica es la ciencia de la Realidad misma, no puede existir ciencia alguna auténticamente separada de ésta. Sin embargo, dada lo posición del hombre en la jerarquía de la existencia, es a menudo benéfico para él estudiar algún aspecto de la Realidad de modo cercano, mediante la aplicación de los principios metafísicos. Así las ciencias surgen de modo aparentemente independiente, pero en realidad son ramas especializadas en mayor o menor grado de la metafísica. Esta es, por supuesto, la misma relación existente entre lo Absoluto, y cualquier posibilidad contenida en ese mismo sentido que pueda separarse por virtud de la relatividad de la consciencia individual. La razón adecuada para estudiar un aspecto particular de la realidad de modo cercano es su manifestación directa al hombre, y por consiguiente actúa para él como un símbolo y un apoyo en el descubrimiento de lo Absoluto. De esta manera, la utilidad de la cosmología es clara.

Debe notarse, que esta concepción de la ciencia, que es la tradicional, se encuentra en directa oposición a la ciencia de la gente moderna, quienes toman los hechos empíricos como una punto de comienzo e intentan erigir de ellos una teoría completa. Tal ciencia no puede ser estrictamente precisa o incluso particularmente útil más que de un modo puramente práctico, porque lleva en sí solamente información relativa sin el apoyo de principio que le permitiría integrarse a una visión holística del mundo. Para el hombre tradicional un entendimiento del mundo como un todo, de acuerdo a sus principios fundamentales es siempre más importante que un entendimiento preciso de los hechos físicos, pero en el mundo moderno esta jerarquía natural es revertida, debido a la inhabilidad del hombre moderno para concebir dominios más altos que a los que él mismo se ha confinado.

Cuando hablamos del Ser, mencionamos la dualidad entre el Ser y la Consciencia que existe en toda manifestación. En este contexto, para interpretar con mayor precisión, usamos las palabras Sustancia y Esencia, aunque en relación a la manifestación estos principios se muestran inversos. En metafísica el principio masculino es el vacío impasible e inmutable, mientras que el principio femenino es la radiación externa y la amorosa Infinidad del principio. En la manifestación, estos roles se ven revertidos y el principio masculino se vuelve la Esencia abastecedora que otorga la forma por encima del principio femenino puramente receptivo. Esto se debe a una ley conocida como inversión metafísica, en la cual las verdades que pasan de lo metafísico al reino manifestado, a menudo asumen relaciones inversas en el segundo caso. La naturaleza de esta inversión puede ser comparada a un reflejo proyectándose a través de un espejo, ofreciendo así una interpretación relativamente precisa de esta ley metafísica, debido a las correspondencias naturales de realidades menores para con las mayores. El principio Esencial fue llamado forma por los griegos y por los Escolásticos, que puede compararse a la calidad pura y a la cantidad, la inteligencia de la Esencia provee la Sustancia con una realidad temporalmente inteligible en virtud de la forma. Por esta razón todas las formas son contenidas como arquetipos dentro de su Esencia, y solo mediante su existencia ilusoria como manifestaciones es que pueden corromperse; esta es la naturaleza de la fealdad, la cual analizaremos posteriormente. Esta visión es conocida generalmente como Platónica, y sin lugar a dudas, difícilmente podría existir un mejor punto de inicio para el occidental deseoso de estudiar este aspecto de la metafísica. No hace falta decir, que Platón siempre consideró los principios metafísicos como evidentes, y es por ello que para el lector moderno que los ignora, muchas de sus aseveraciones pueden parecer prepósteras, mientras que en realidad, es solo la ignorancia de parte del lector la que le lleva a esa suposición.

La analogía entre el macrocosmos y el microcosmos es, como ya lo explicamos, fundamental en la metafísica y especialmente en la cosmología. Todas las formas manifestadas provienen de los mismos principios, y por lo tanto todas forman una red de interrelaciones las cuales, la ciencia tradicional se empeña en estudiar. Nada puede existir a menos que participe en mayor o menor extensión de la realidad misma, y todas las formas manifestadas deben de participar de acuerdo a sus cualidades pertenecientes a la Esencia universal, figurándose inteligiblemente. Una ciencia que ilustra el estudio de las correspondencias metafísicas es el simbolismo numérico, el cual se encuentra necesariamente oculto a los científicos modernos, al igual que todas las ciencias tradicionales. Para estudiar esta ciencia se debe entender que nada puede existir al menos de que posea un grado de objetividad, es decir, un grado de participación en la Esencia pura; así, los números, aunque son usados para expresar solo cantidades, deben poseer también cualidades con el fin de ser comprensibles, ya que no existe nada en una cantidad pura que nuestra inteligencia pueda asir, a menos que sea sujeta a una forma otorgada por el polo Esencial de la manifestación. El uno es el reflejo de la unidad metafísica, el cual es el Ser Universal, y siendo así el principio inmediato de la manifestación engendra a todos los demás números por la repetición indefinida de sí mismo. El dos refleja el principio de dualidad de la Esencia y la Sustancia, o la división ilusoria entre el Origen y la manifestación como tales. Puede notarse que todas las dualidades cósmicas corresponden en grado alguno a la dualidad primordial de la Esencia y la Sustancia, actividad y pasividad, macho y hembra, solar y lunar, todo posee las mismas cualidades esenciales. Lo mismo puede decirse de los ternarios, relacionados con el número tres. Otro campo donde se aplica la ley de la correspondencia, es dentro de los ciclos cósmicos, que enseguida discutiremos ya que nos conciernen directamente.

El ciclo clásico es el de la manifestación y disolución del cosmos, que es solamente un instante (el cual es nada pura en el rostro de la eternidad y la intemporalidad de lo Absoluto) y es entonces reabsorbido. Le recordamos al lector nuevamente que la sucesión en realidad no aplica aquí, ya que esta es simplemente una posibilidad contenida dentro de la eternidad de lo Absoluto, no obstante, es por la apariencia del tiempo que el tiempo y todos sus ciclos son generados. Nacimiento y muerte, creación y destrucción, levantamiento y caída, amanece y anochecer, exhalación e inhalación, todas estos simples reflejos del ‘aliento de lo Absoluto’. La ciencia de los ciclos era conocida por todas las civilizaciones antiguas, y se encontraba cercanamente asociada con el número cuatro. El rango de vida humana contiene cuatro fases, que son la infancia, la juventud, la madurez y la ancianidad. Llevadas al reino del colectivo humano estas se convierten en Satya Yuga, Treta Yuga, Dvapara Yuga y Kali Yuga, en la cosmología hindú. En la antigüedad clásica estas eras fueron comparadas a los metales, el Oro, la Plata, el Bronce, y el Hierro. Puede notarse que estos metales corresponden a un gradual descenso de la nobleza, y es debido a que originalmente la manifestación de cualquier ciclo se encuentra cercana a su principio, para después caer gradualmente agotando todas sus posibilidades. Así, las posibilidades expresadas al final de cada ciclo serán las más bajas y distantes del principio. Esto es de particular importancia ya que en la edad en la que nos encontramos, no es ninguna otra más que el final de Kali Yuga, o Edad Oscura.

Debe resultar evidente por lo que hemos discutido hasta este momento, que no tenemos en gran estima al mundo moderno. El apego del hombre al mundo material, su alejamiento de Dios e incluso su belleza en un sentido puramente emocional, su gradual esclavización ante sus propias creaciones, y su total impotencia ante la ignorancia, sin lugar a equivocación son signos de una edad conclusiva de este colectivo humano particular. El fin de todo ciclo, sin embargo, es también el nacimiento de uno nuevo desde otro punto de vista, así que debe notarse que mientras que el mundo se ha endurecido a la influencia espiritual, también se ha clarificado para aquellos conscientes de la naturaleza del mundo moderno, debido a la proximidad a la muerte de éste, y su consecuente renacer. Naturalmente todo ciclo esta conectado por analogía con todo otro ciclo, así el actual estado de la humanidad no se encuentra sin conexión al presente estado de su particular sector cósmico, que se ha endurecido espiritualmente durante este ciclo. Debe también notarse que el período de vida humana no corresponde siempre a un declive gradual. De hecho este es el único caso para el cuerpo, que se acerca a la muerte cada día, mientras que el ser individual, para quien el cuerpo no es sino una ‘vestidura’ externa, el período de vida puede resultar en ascenso espiritual, en el cual el ser retorna a lo Absoluto. Este viaje puede completarse en vida o al momento de morir, pero para la mayoría de los seres que viven en Kali Yuga, este viaje continuará después de la muerte, siendo imposible la liberación del estado individual sin algún grado de conocimiento puro dentro del propio tiempo de vida.

Ahora debemos poner atención a un área de la existencia el cual es muy cercano a lo físico, tan cercano, que ni siquiera la gente moderna es capaz de alejarse de éste, aunque muchos aún tienen dudas acerca de su realidad. Este es el área sutil, en donde las formas pueden distinguirse, pero no se materializan. Esto es propiamente el área de la consciencia individual, y también las pre-figuraciones de todos los elementos de manifestación física. Por esta razón el reino sutil es también conocido como el estado anímico, porque es el principio inmediato y alentador de lo físico. La consciencia individual es sin lugar a duda, una forma limitante, pero no se encuentra confinada a la materia; por lo tanto pertenece al estado sutil, al igual que los principios inmediatos alentadores de los elementos físicos. El estado sutil es de algún modo una dimensión de profundidad en relación a lo físico, en el hecho de que va más allá de lo físico pero no por ello es superior a éste. Por esta razón una ciencia como la magia, la cual tiene como meta la extracción de efectos físicos a partir causas sutiles, no es exaltada en las civilizaciones tradicionales, aunque es causa de mucho curiosidad entre la gente moderna, meramente debido a que se sorprenden por cualquier cosa que pueda salir afuera de su estrecha visión del mundo. Debe decirse que esta curiosidad de la gente moderna hacia lo inmaterial no ocurriría a menos que los resultados fuera inmediatamente visibles en el reino físico. Es en el estado sutil donde el individuo se perpetúa prolongadamente si no ha logrado grado alguno de realización en el momento de la muerte.

La pregunta que surge comúnmente es, “Si Dios es el bien soberano, ¿cómo es posible que el mal exista? La respuesta yace en el hecho de que toda forma existe únicamente mediante el reflejo de lo Absoluto dentro de los límites particulares que le definen. Una forma, incluso si es física, será hermosa si sus límites le permiten representar lo Absoluto de modo relativo al observador, esto quiere decir su correspondencia a su arquetipo esencial y su nivel particular de existencia. De este modo el Sol, poseyendo sus cualidades definitorias de luz y calor, los cuales representan el conocimiento y el amor en el reino corpóreo, resulta hermoso para el hombre ya que le percibe como una bendición de los cielos, que le provee de cosas necesarias para su propia existencia. Admirando la belleza de esta forma admiramos la belleza de lo Divino, mientras que no caigamos en la tentación de restringirle como su forma física implica; por consiguiente es perfectamente natural decir que Dios es el sol, pero no que el sol es Dios. Una forma fea, por otro lado, lo es únicamente por el hecho de que se han erosionado en ella ciertas cualidades que hacen a su arquetipo hermoso, ya que nada feo puede existir en principio, puede decirse que se vuelve feo mediante una carencia, así en un análisis final sobre la fealdad, o del mal, estos se revelan como nada pura. No existe nada subjetivo en la noción de la belleza, así desde un punto de vista tradicional es bastante natural hablar de un error estético sin comedimiento. Indagaremos sobre esto en breve.

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