Acerca de la Virtud de la Oración
A menudo el misticismo es valorado únicamente como especulación metafísica, sin posibilidad alguna de experiencia más allá de la constitución mental. Esta imprecisión surge por falta de práctica entre aquellos que realizan tal juicio, y en consecuencia habrán de estimar al misticismo únicamente como un grupo de suposiciones. La teoría metafísica, aunque no empíricamente demostrable, puede ser transformada en experiencia subjetiva y auténtica por gente con un honesto y ardiente deseo por la Verdad. ¿Cómo podemos adquirir certidumbre? ¿Cómo podemos descubrir la Verdad detrás de las declaraciones metafísicas?
La Religión es más que una institución social, es un bastión de literatura sagrada y métodos exitosos para conocer a Dios. Este método de reconocimiento espiritual tiene dos facetas inevitables y mutuamente inclusivas: por un lado la ética como guía de conducta para el mundo externo y material, por otro lado el ejercicio contemplativo como experiencia interna y espiritual. Con el propósito de conocer lo Divino, más allá de toda teoría metafísica aprendida, ambos aspectos indivisibles deben presentarse dentro de una religión dada.¹
¿Qué es, exactamente, esta praxis contemplativa? Muy simple: la oración. Ahora, Frithjof Schuon divide a la oración en dos formas básicas: la oración canónica y la meditación. La oración canónica es la recitación de textos sagrados u oraciones definidas en la ortodoxia, en contraste con la oración personal que es un mensaje espontáneo del individuo hacia Dios. Aunque la oración personal es buena y también recomendable, tanto la oración canónica como la meditación tienen cualidades transpersonales que le permiten al hombre “escuchar” a Dios en un estado de quietud, permitiéndole discernir la Verdad por encima de sus aspiraciones personales.
El propósito esencial de la oración es sensibilizar al hombre a la eterna beatitud de Dios. Aún cuando existen beneficios muy conocidos de la oración a nivel psicosomático, al igual que hay muchas personas quienes, en sus plegarias personales, piden a Dios por sus necesidades individuales, el auténtico buscador no se conforma con menos que el conocimiento sublime, y una vez alcanzado aunque sea en una pequeña proporción, no deseará nada menos. Debemos recordar también: “Pero buscad primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.“ (Mateo 6:33) Otro modo de decirlo es que en un acercamiento esotérico, el auténtico propósito de la oración no es ayudar al individuo para que sea materialmente exitoso, ni siquiera para aliviarle emocionalmente, sino que es el revivir la atención de su más alto ser al mundo espiritual.²
Todo evento material debe ser reconocido como transitorio, independientemente de su efecto emocional en nosotros; como humanos comunes, no podemos lograr que nuestro ego se desapegue totalmente de las actividades del mundo, pero podemos conocer nuestro ser superior, el cual se encuentra más allá del ego y por lo tanto, podemos gobernar al ego con mayor certeza. También, debemos estar atentos a aquellos eventos que nos son relativamente benéficos, porque pueden desviarnos del camino sagrado en la satisfacción temporal que brindan. No se trata de superar las circunstancias desfavorables por medio de la oración, sino de superar toda circunstancia egocéntrica, sea mental o física.
En esta trascendencia del ego (la Unio Mystica del Catolicismo, el Samadhi Hindú, el Kensho del Zen) el practicante sobrepasa la dualidad primordial sujeto-objeto, permitiendo a su alma el superar el agregado de circunstancias que le define y le separa del Absoluto. La oración le permite a la mente conocer el regocijo del alma en la fusión divina. Este orden correcto entre la mente y el alma le permite a la mente recordar las experiencias místicas del alma, aunque este proceso solo puede ser experimentado y plenamente comprendido por el alma misma.
Para ejemplificar el preciso estado que deseamos alcanzar, citamos a Schopenhauer:
“Qué importa entonces ver la puesta de sol desde el balcón de un palacio o a través de la ventana de una mazmorra”
Lo que realmente importa es la contemplación de la Inteligencia. El mundo material es convulsivo, especialmente en nuestra edad moderna. En la ignorancia, el hombre es muy voluble a las dificultades y a las recompensas del mundo, y fácilmente se convierte en una persona caprichosa. En la ignorancia, el hombre confunde los placeres pasajeros con la plenitud divina, haciéndose propenso a insultar a Dios cuando la fortuna le abandona. El hombre no es consciente de Dios, sino consciente de sus propias condiciones o requisitos para amar a Dios.
Por estas razones, las religiones recomiendan orar diariamente, como un hábito virtuoso independiente a las eventualidades de nuestras vidas, ya sea el Rosario Católico o la práctica Vipassana.³ La oración debe ser practicada con paciencia y fervor con el fin de alcanzar, en vida, la más alta recompensa que yace en la fe.

¹El ritual se ubica entre la acción material y el ejercicio contemplativo, y funciona socialmente como símbolo. Por ello tiene una practicidad material, aunque puede también provocar una experiencia interna y espiritual para el asistente. Estos rituales a menudo incluyen una oración colectiva en ellos, con una significación social como parte del rito, aún así la oración individual sigue siendo el ejercicio especializado de contemplación. “Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.”. (Mateo 6:6)
²La objeción más común por parte de los materialistas a la contemplación y a la oración, es que no son sino modos de evadir la acción. Equivocado. La contemplación mística desarrolla el orden correcto de todos los componentes humanos con el fin de hacer que el individuo logre los mejores y más nobles actos. El hombre religioso percibe lo sagrado con su espíritu y entonces actúa en el mundo material con sabiduría. Como ya ha sido mencionado, la contemplación no es posible sin una estricta observación de la conducta, y ambas requieren altos grados de disciplina; ambas en semejanza al heroísmo y no a la pasividad. El concepto taoísta del Wu Wei (la no acción) hace referencia al ego renunciado a sus decisiones aisladas e individualistas, con el propósito de abrazar el flujo del Tao, del mismo modo que los cristianos buscan que el Logos actué en ellos. Por lo tanto, en un sentido espiritual la contemplación no está en oposición a la acción o al movimiento, sino en oposición a las acciones individualistas de un ego ignorante, ignorante de la Verdad que existe por encima de él. “Todo mundo esta forzado a actuar irremediablemente conforme a las cualidades que ha adquirido de las modalidades de la naturaleza material, por lo tanto, nadie puede dejar de hacer algo, ni siquiera por un momento” (Bhagavad Gita III, 5)
³Existe un único fin trascendental para todos los credos, aún así, es importante no mezclar técnicas de diferentes tradiciones, porque toda técnica tiene una correspondencia directa con la orientación de su religión particular. Claro, es conveniente investigar las distintas plegarias y técnicas de meditación dentro de una tradición dada, para encontrar aquella que sea efectiva para nosotros, pero no podemos separar el significado que una religión brinda a nuestras correspondientes naturalezas tanto en el ethos como en la praxis contemplativa.